
Quien lo conoce y lo vio jugar alguna vez al Pigu no se puede sorprender en absoluto por su increíble actuación en el Abierto Británico que se jugó en Carnoustie. Andrés Romero tiene magia en sus manos y una sana locura en su cabeza. Esa que hace que le tire a todas las banderas sin el más mínimo respeto por uno de los campos más exigentes del mundo.
Y por suerte, luego de semejante actuación se lo escucha alegre, con la satisfacción de haberle peleado mano a mano a los mejores jugadores del mundo. “Fue la mejor semana de mi carrera”, me dijo horas después de haber quedado a un paso de jugar el desempate por del Major más tradicional del golf. “Me demostré que puedo jugar con los mejores y en los campeonatos más importantes”, decía el Pigu rodeado de amigos tucumanos, lejos de su Tucumán querido.
Algunos medios ingleses titulan a su vuelta como una de las más increibles en la historia del OPEN. No hizo más pares después del hoyo 7, once hoyos en donde anotó dos bogeys, dos doble bogeys y siete birdies. Todo en la vuelta final del campeonato más importante del mundo. “Yo sabía que tenía que hacer birdies para ganar, asi que decidí tirarle a todas las banderas”, analilzaba su vuelta.
Quizás podrán decir que es un poco inconsciente, pero eso también es no conocerlo. Así llegó a donde está, con esa “sana locura” de arriegar siempre y de confiar en su talento.
Alegre, divertido, generoso, carismático, son virtudes que lo van a llevar a ser una figura atractiva para el golf mundial. Le falta hablar inglés para potenciar su imagen, de todos modos su manera de jugar es su mejor idioma.
Ojalá que este torneo sea sólo un recuerdo más. Ayer mandó su primera señal fuerte de lo que muchos presagian una carrera llena de éxitos. Por lo pronto ya tiene el ticket para jugar los próximos dos Majors y varios de los torneos más importantes del mundo. Jueguenle algunos boletos….
Por Marcos Virasoro Periodista de Golf
