Copa libertadores – Roman
El partido no era nada fácil a pesar del resultado a favor. Jugar de visitante en un país que tiene, históricamente, un fútbol tan superior al nuestro, siempre es complicado. Son tipos que por lo general no fallan en instancias finales, mucho menos de local. Es cierto: saber que si el partido termina como está mataste y no moriste juega a favor. Pero tiene sus riesgos psicológicos: si te tirás muy atrás para aguantar el resultado, te empiezan a acorralar, y estos sí que te clavan. Por eso, como sabemos, en esos momentos es vital tener la pelota, y nadie mejor que Riquleme para hacerlo. Pero la verdad que no parecía su día, ¿no? En esos primeros minutos del segundo tiempo la estaba tocando muy poco. No digo que fuera culpa de él, pero la estaba tocando realmente poco, ni hablar de pases gol ni nada que se le pareciera. Y en el primer tiempo incluso había perdido algunas bolas. Hasta parecía cansado o con el pecho frío. Pero se los juro por mi madre: yo confiaba ciegamente en que en un momento se la iban a dar a Román, iba a empezar a enfriar el partido cerca del córner o del lateral, y en el momento menos pensado, zas, metía un gol o un pase gol y a otra cosa mariposa.
Por eso me dio tanta rabia que justo en el momento en que imaginaba todo eso el técnico dispusiera su reemplazo por Esteban Cambiasso.
Lucas


¡A LA PELOTA !